Ser anestesiólogo me ayudó a crecer como persona

 

Ser anestesiólogo me ayudó a crecer como persona

Soy el Dr. Juan Manuel Valladolid Alzamora. Inicié la anestesiología entre el cuarto y quinto año de estudios médicos. Mi primer maestro fue el Dr. Enrique Mejía Saldaña, anestesiólogo del Hospital Belén de Trujillo, pionero de la anestesia en Trujillo, y anestesiólogo de la primera anestesia cardiovascular a cielo abierto del Perú. Posteriormente y durante el residentado médico, mi maestro fue el Dr. Manuel Segura de la Cruz, fundador de la especialidad de Anestesiología en el Hospital Regional docente de Trujillo, y de quien aprendí los vitales conocimientos y secretos de la especialidad. A ellos dos maestros dedico este testimonio.

Una anécdota vital que finamente impulso mi decisión de ser anestesiólogo fue un evento que ocurrió en un bus interprovincial, cuando me dirigía desde Trujillo a la ciudad de Chimbote, y donde comenté con un colega de mi promoción de estudios médicos, sobre un contrato que me habían hecho en el Hospital Regional Eleazar Guzmán Barrón, donde se me asignaba las funciones de anestesiólogo. – Era entonces solo un médico general con un poco de experiencia en anestesiología -, de pronto una señora se acercó, me dio un abrazo y me bendijo, y refirió con voz entrecortada y lágrimas que su hijo había fallecido por la falta de anestesiólogos en Chimbote. Ese fue el detonante final que me impulsó a tomar la decisión de postular a la especialidad en la Universidad de Trujillo.

Los médicos anestesiólogos, nacieron para evitar el dolor de los pacientes durante la cirugía, proporcionar amnesia, facilitar buenas condiciones en el campo operatorio y producir un bloqueo neurovegativo que evite la aparición de respuestas reflejas indeseables; actuando siempre dentro del margen de la seguridad para el paciente.

Pero las fronteras del quirófano cercaban el ímpetu del desarrollo de la especialidad. Siempre estuve convencido, que los anestesiólogos manejan el arte de los dioses, que la especialidad se inicia en el mismo momento de la creación donde Dios “infunde un profundo sueño al hombre”. Que somos descendientes de William Thomas Green Morton. Que poseemos vastos conocimientos de las ciencias básicas, morfológicas, farmacológicas, medicina interna, pediatría, cirugía, etc. Que somos expertos en el arte de reanimación cardiopulmonar. Que Thomas Sydenham expreso que: “Entre todos los remedios que Dios Todopoderoso le ha complacido dar al hombre para aliviar los sufrimientos, no hay ninguno que sea tan universal y tan eficaz como el opio”. Que para Sócrates “Es obra divina aliviar el dolor”. Que para Juan Marín Osorio “El anestesiólogo debe hacer que el sol de la conciencia se oculte totalmente para evitar a su anestesiado la vivencia de las múltiples injurias a las que será sometido su organismo, en el lapso anestesia – operación. Una vez el paciente en estado quirúrgico, debemos vigilar atentamente la tea del soñar, para que su llama no se extinga, porque entonces su gemela, al avivarse en los dominios de la muerte, en donde la vida continua en forma oculta y fugada a nuestro control nos haría llorar con el poeta: era una llama al viento, y el viento la apago.” Por tanto: La anestesiología es el arte de los Dioses.

En esa perspectiva, fui pionero de la anestesiología fuera del quirófano: El manejo del dolor, la sedación anestésica para la resonancia magnética nuclear, la sedación para la radio y quimioterapia, la sedación en gastroenterología, nuestra participación en las unidades de cuidados críticos y en las áreas de emergencia, etc. Soy autor de las guías de Trabajo medico anestesiológico en todas las versiones y revisiones y de las guías de Trabajo durante el Covid 19, y autor del MOF y del ROF del Centro Quirúrgico en el Hospital Belén de Trujillo.

He ocupado los cargos de Jefe de Departamento de anestesiología, presidente del Cuerpo médico, Director del Hospital Belén de Trujillo en dos oportunidades. Y como docente universitario, publiqué 4 ediciones de mi manual de anestesiología y una edición de mi libro de anestesiología, por la Universidad Nacional de Trujillo. Publiqué un poemario siendo estudiante, gané un concurso de poesía con un libro llamado: Salmos para los médicos habitantes de la tierra. Y tengo en proceso de publicación dos poemarios para el año 2022.

Finalmente; los anestesiólogos somos los fundadores de las unidades de cuidados intensivos, somos quienes preparamos inicialmente a los pediatras a intubar y reanimar a los neonatos. El trabajo que realizamos es vital y los eventos adversos son extremadamente cortos para resolver. No admite fallas. El cirujano, internista, pediatra y otros especialistas médicos tienen un tiempo generalmente prolongado para reorientar el tratamiento; pero cuando en anestesiología ocurre una catástrofe, como una parada cardiorrespiratoria, solo se cuenta con 3 minutos para revertirlo y si en ese tiempo no lo logramos el paciente morirá. “Una llama al viento, y el viento la apago”. Es así como podemos graficar la gran importancia de nuestro trabajo dentro y fuera del quirófano.